Festival Catrina: El arte hibrido de vivir entre fans y entre músicos

Por: Lunámbula

 

 

Cholula se vistió de rock, un aire frío y la cálida luz del sol, tenían una cita en punto de las 12 del día, tres escenarios esperaban a los miles de espectadores que ingresaban poco a poco al recinto para apreciar la gama de bandas que se darían cita, sólo para guardar en la memoria fotográfica, las imágenes de por quién se puede tolerar cualquier cosa.

Entre Surfistas del Sistema, El Viaje de Seth y Charlie Rodd, los motores de esta nave se comenzaban a encender, la gente poco a poco comenzaba a ubicar los lugares predilectos para apreciar cuanta señal diera su banda favorita, podrías encontrar gente con máscaras de Esteman a un caballero catrina y demás ornamentarías que representaban la intensidad de volverse fan.

Indios, Daniela Spalla, 424 y Banda de Turistas acumulaban ya los aplausos de quienes no querían moverse ni siquiera para poder comer, había selfies, besos, banderas, algunos buscaban señal en el celular para poder documentar los mejores momentos, o sea todos, otros tantos comenzaban a llegar con la ansiedad de haberse comido el tiempo.

Había decisiones fuertes que tomar cuando dos de tus grupos favoritos quedaban en el mismo horario o peor aún tener que correr entre la tierra del campo para alcanzar a escuchar “aunque se a un cachito” de las rolas.

A partir de las 4:00 de la tarde el calor se volvió colectivo, llegaban los españoles de Love of Lesbian, el eterno y fiel amor a José Madero y la espera eterna de Camilo Séptimo, se notaba a simple vista que había menos espacio para poder trasladarte del escenario Cholula, Indio y Catrina y entonces por momentos el cielo nos regalaba una onda luminosa que volvía inexplicablemente cada instante perfecto.

Manuel Coe al finalizar la presentación con Camilo Séptimo dijo: “el amor es lo único que importa y lo que al final nos salvará”, fue entonces cuando puse atención a los músicos, a la manera en como tomaban sus instrumentos, al instante en que miraban y se quedaban un momento a observar la inmensidad de las masas, las manos arriba, los gritos ajenos, las camisetas con sus logos ondularse, las lágrimas robadas, las letras que un día pensaron se volverían rituales.

Llegaba la hora de Little Jesus, Albert Hammond JR y Siddhartha, para retumbar los escenarios donde se presentaban, la noche nos avisaba su llegada y con ella Zoé, Caifanes, Out of Control Army, Panteón Rococo y Molotov, aquí me voy a permitir compartirles que, al levantar la vista y vislumbrar 3 letras que decían Zoé, dejé de respirar, el tiempo me suspendió, no sentía mis manos sólo percibía la intensidad de mi corazón, seguramente fueran 10 máximo, pero se volvió una eternidad que me trasladó al infinito.

La multitud no paraba de bailar, de cantar, nunca se notó el cansancio ni siquiera con el “Payaso de Rodeo” masivo, ni siquiera el frío en la cara, detuvo a nadie, ni siquiera con el final del festival.

 0227
0227.4
0227.5
0227.6
0227.7
0227.8
0227.9
0227.10
0227.11
0227.12
0227.13

Conclusión: No hay amor más puro e infinito que el de un fan. No hay mejor sensación en el escenario que ser reflejo de felicidad. No hay mejor captura que la luz que se convierte en un caleidoscopio.

Deja un comentario