Delta Sleep nos lleva en un viaje musical hacia una ciudad fantasma con su nuevo álbum «Ghost City».

Por Cristóbal Cueva.

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Delta Sleep es sinónimo de algo hermoso, no por nada su nombre hace referencia a la cuarta etapa del ciclo del sueño, durante la cual no puedes despertar y de ella depende la sensación subjetiva de haber dormido bien. En este caso lo volvieron a hacer, y después de escuchar este disco te despiertas de buen humor, de una de esas descansadas que no has tenido en años. Así se siente el nuevo álbum de los ingleses.

Es un álbum con concepto descrito por ellos mismos como una tech-noir (haciendo referencia a la ciencia ficción del tipo «Terminator» o «Blade Runner«) donde el mundo ahora existe como una única ciudad inmersa en una consciencia colectiva bajo el mando de firmas tecnológicas gigantes. La naturaleza orgánica y la vida salvaje son cosas del pasado, un mito. La historia se centra al rededor de una protagonista que existe como una pieza de engranaje en la máquina. Ghost City es al mismo tiempo desoladora y distópica, pero también a momentos esperanzadora y extrañamente catártica; explorando temas como el existencialismo, lo mundano, la opresión y sobre todo el efecto negativo de la tecnología en el mundo. 

Musicalmente hablando, es todo lo que podíamos esperar y más. Quiero decir, estamos hablando de Delta Sleep, una banda que esperamos durante años que vinieran al país, y cuando lo hicieron nos dejaron sedientos de más. Éste álbum es la muestra de que las cosas bien hechas valen la pena la espera.

Es un disco que fue compuesto durante sus varios tours del par de años pasado, y eso se nota en la distribución de la música. Es ligeramente caótica a ratos, pero en general lo que hicieron fue refinar su esencia y crear con ella una versión más madura, más contundente, más trabajada. En general es un trabajo mucho más direccionado, por decirlo de alguna manera, que sus trabajos anteriores, y además explora ligeramente géneros más acercados hacia el post hardcore y el shoegaze en algunos momentos.

La única objeción que yo tengo es que el final del disco es un poco flojo, y no me refiero a la calidad de la música o la interpretación ni nada por el estilo… es el orden de las canciones. Las primera mitad del disco es un vaivén de emociones que mantiene tu ritmo cardiaco subiendo y bajando constantemente, pero en la segunda parte se siente una caída en la fuerza de las canciones que nos llevan a un final del disco con una canción suave y acústica. Es un buen final, no me malinterpreten. Lo que yo digo es que quizá haber considerado terminar con una canción igual de fuerte que El Pastor habría convertido el disco en un 10 perfecto. Por la fuerza perdida no lo considero algo perfecto, pero eso al mismo tiempo lo vuelve una obra de arte inigualable que espero pronto podamos experimentar en vivo en nuestro país.

Vayan a escucharlo ahora, les prometo que vale completamente la pena.

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