“Voces” en el Lunario, el regreso de Saosin a México.

Por Cristóbal Cueva.
Fotos por Ilean Zúñiga.

Tras 11 años de una larga espera, eyescream productions nos dió la increíble noticia de que Saosin no sólo regresaría al país, sino que nos ofrecerían un show con su vocalista original Anthony Green.

Fue algo que al menos yo creí que jamás pasaría. Si de por sí ya era como un sueño saber que Anthony estaba de vuelta en la banda y que además habían sacado un disco, el que anunciaran que vendrían fue totalmente irreal, sobre todo mientras más se acercaba la fecha, que finalmente llegó el sábado pasado y será recordada para siempre.

La cita se anunció por parte de eyescream a las 7:00 p.m. en el Lunario del Auditorio Nacional. La fila en realidad era de no más de 50 personas, que ingresaron finalmente al recinto hacia las 7:30 e inmediatamente agarraron su lugar privilegiado en la valla del escenario. La gente seguía llegando poco a poco y se juntaron aproximadamente unas 120 personas cuando en punto de las 8:00 p.m. se apagaron las luces y los chicos de Cartas de Vincent tomaron el escenario como la primera de las dos bandas teloneras que el mismo público eligió a través de un concurso que hizo eyescream.

Tenía las expectativas muy altas con respecto a CDV porque tras su reciente cambio de alineación prometían un sonido bastante diferente, y lo cumplieron de manera excepcional. Comenzaron con un pequeño intro seguido de uno de sus temas más populares  “En las ligas mayores de la decepción”. El actual frontman tiene un timbre de voz muy diferente al que estábamos acostumbrados, pero la realidad es que su control de voz y su interpretación no tienen falla alguna. Continuando con el último sencillo que hemos conocido de ellos “Pero no para tí, pistolero”, pudimos disfrutar de una mayor interacción con el público. Con guturales brutales y build ups y break downs que hacían retumbar el recinto, nos condujeron hacia la primera canción que construyeron durante los meses pasados, con la nueva alineación. Titulada “Pesadilla en caída de Do”, es una versión mucho más oscura y personal de CDV, que hizo destacar en sobremanera la comodidad de la nueva composición y un posible spoiler de lo que podemos esperar de ellos en el futuro próximo. Se acercaba el final de su presentación, y sorprendieron con un tono de bajo poderoso en un riff que sirvió como introducción para “Séptimo Círculo”. Intercambiando tonos vocales agudos por parte del bajista junto a los tonos predominantemente graves de su frontman y los screams en conjunto de todos en la banda, dejaron la sala cargada de furia, que terminaron de implantar en la cabeza de todos los asistentes con “Implacable II” para finalmente despedirse tras una gran presentación que hizo justicia al CDV que ya conocíamos, y con un buen sabor de boca  sobre la nueva alineación.

La fiesta siguió y ante una sala de aproximadamente unas 350 personas, Fuimos Héroes tomó el control de escenario. Se demostró su constante calidad y gran experiencia, ya que su interacción con el público se desarrolla prácticamente de manera natural.  Comenzaron con temas como “Fue mi peor error” y “Contra Corriente”, conectando y combinando las voces y screams de sus dos vocalistas. Es una banda que a mi siempre me ha parecido de una calidad tan grande que no tiene nada que pedirle a bandas de Estados Unidos o incluso de Europa, compañeras en el género. Con breaks vibrantes y coros pegajosos, nos llevaron de la mano a través de varias canciones que muchos miembros del creciente público cantaban a todo pulmón como “Señales”, “Marinero” y “El Juicio”. Su set transcurrió de una manera bastante fluida, casi de corrido, con pequeñas pausas para agradecer al público y hacer notar la emoción casi tangible de que la salida de Saosin al escenario ya era inminente. Finalizaron con “Cuando los Mares ardan” “Sin mirar atrás” para la cual pidieron la ayuda del público para cantar los coros que tocaron las fibras sensibles de muchos (incluyéndome), ya que es una canción que habla sobre la pérdida de un ser querido. Se despidieron y agradecieron al público y salieron del escenario.

Mientras montaban el set para Saosin me di una vuelta por el recinto y vi varias caras familiares. Miembros de bandas, gente de shows pasados, conocidos y personas que sabes que viste alguna vez pero no las recuerdas. Lo único que puedo decir de la composición del público (que para ese momento creo que ya rebasaba las 600 personas) es que juntaba dos épocas importantes. La de los “old school” que pasaban su adolescencia o juventud cuando discos como el Translating The Name salieron a la luz, y que venían a revivir esa parte de sus vidas, y los fans nuevos que encontraron esos discos alrededor de 10 años después de que fueron lanzados. Sin embargo la unidad que se sentía era algo que sólo podrías esperar de un show de una banda como Saosin. Armonía y pasión por la música es lo que inundaba el Lunario.

Finalmente se apagaron las luces anunciando el acto estelar y corrí de nuevo a mi lugar. Tras un pequeño intro, pudimos ver las siluetas de Saosin entrando en el escenario, y tras tomar sus instrumentos y sin siquiera un segundo para respirar dieron inicio de manera contundente con “Lost Symphonies” y Anthony Green gritando en las caras de los fans, pegado a la valla y Beau Burchell con una máscara de luchador. Sudadera de Anthony y máscara de Beau fuera, continuaron con “Ideology is Theft”“Racing Toward a Red Light” y “The Silver String” de su último álbum Along The Shadow. Tras saludar a los fans, continuaron con una vieja clásica “3rd Measurement in C” que el público cantó a todo pulmón, robándose el final con “don’t say I’m the one you want to lose”. Continuaron la presentación con “Old Friends” y una de las que personalmente esperaba con más ansias “I Can Tell There Was An Accident Here Earlier” que fue la primera canción que escuché de la banda.


Nos acercábamos hacia la mitad de la presentación, y fue momento de bajar un poquito la intensidad para hacerle espacio a “The Stutter Says a Lot” y “Sore Distress” canciones que le dieron un respiro tanto al público como a la banda, pero no por ello dejaron de ser menos imponentes de la gran actuación que todos estábamos presenciando. Continuaron con mi favorita personal (y una de las primeras canciones de Saosin de la historia) “Translating The Name”  que le da el nombre a su primer EP. El público estaba ya vuelto loco, gritando a todo pulmón junto a la banda, que continuó con “Illusion and Control” y “Control and the Urge to Pray” que inevitablemente nos anunciaban el final de la presentación, que cerraría con uno de los momentos más “pesados” de la noche “They Perched On Their Stilts, Pointing And Daring Me To Break Custom”. Así terminó la parte “oficial” del show, y Saosin se retiró del escenario mientras los fans gritaban “one more song”.


Tras un par de minutos la banda regresó al escenario para dar inicio al encore del show, con uno de los momentos más esperados de la noche: Anthony Green en el Bajo y Chris Sorenson en el micrófono para interpretar una de las canciones más amadas por los fans de la “era de Cove Reber” titulada “You’re Not Alone” con esa alineación extraña que estrenaron en la tercia de shows que tuvieron con la banda nueva de Cove “Dead American” [en la que los fans estadounidenses tuvieron la oportunidad de escuchar de nuevo a Cove en el escenario junto a Saosin (y con Anthony en el bajo), una oportunidad que los fans mexicanos solo podremos soñar (y ver en youtube)]. La presentación llegó a su fin con la esperada por todos “Seven Years” que fue entonada como un himno por cada alma en el recinto, llorada por algunos pero disfrutada por todos y cada uno de los asistentes a la presentación de esta legendaria banda. Anunciaron su despedida y salieron del escenario, pero los fans no desistieron y en lugar del “one more song” se fueron directo al grano y todos gritando “Voices” hicieron regresar a la banda al escenario por última vez, quienes tras tomarse un par de fotos con el público de fondo, procedieron a darle ese último gusto a sus fans mexicanos, con una de las canciones que marcaron su  historia como banda (y una de las favoritas de Anthony, según dijo él mismo). Dijeron gracias por última vez y salieron triunfalmente del escenario, dejando a los fans con una noche de recuerdos que jamás podrán ser borrados. Jamás.

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